Adictos al trabajo


Adictos al trabajo
La adicción al trabajo comenzó a estudiarse hacia los años 70 del siglo pasado, cuando se acuñó el término “workaholic”, o “trabajólico” como algunos han traducido, como un indicador positivo que se ha ido transformando en un factor de riesgo para la salud y el bienestar psicosocial tan importante como el estrés.

Según explica Juan Antonio Moriano, investigador y profesor del departamento de Psicología Social y de las Organizaciones de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), la adicción al trabajo se incluiría entre las adicciones sin sustancia como en el caso del sexo, el deporte o las nuevas tecnologías.

Aunque en el último DSM-V (manual de referencia en trastornos de salud mental) no se incluye la adicción al trabajo, Moriano apunta que existen síntomas tanto objetivos como subjetivos que definen este trastorno entre los especialistas que lo estudian.

Trabajar más de 50 horas semanales se contempla como un indicador y una señal de alarma a tener en cuenta en criterios objetivos. Por otro lado, una actitud obsesiva hacia la actividad laboral, con independencia del volumen de trabajo, que llega a ser compulsiva, genera dependencia y afecta negativamente a las relaciones con familia, amigos y pareja es la sintomatología más clara de la adicción al trabajo.

“Hay que diferenciar entre la implicación positiva, el denominado “work-engagement” que se emplea como técnica de motivación en psicología positiva y una adicción que afecta a la salud y el bienestar psicosocial del trabajador, que lleva a dejar de lado actividades del tiempo libre como disfrutar con la familia, los amigos o cuidar de uno mismo haciendo ejercicio”, explica Moriano, que apunta que estas personas no dejan de pensar en el trabajo ni en fines de semana o vacaciones.

Las consecuencias son a la larga, negativas para el trabajador pues no descansa y rinde menos, comete fallos o se sobrecarga de trabajo que no le corresponde. “Estas personas pierden la creatividad, lo que para los emprendedores es muy importante pues la innovación es el elemento clave que diferencia su empresa. Se considera que la creatividad surge de estados de ensimismamiento, como soñar despierto, y esos espacios no existen en la vida de un adicto al trabajo”, aclara el especialista.

En este sentido, un trabajo realizado entre emprendedores por el equipo de Moriano e investigadores de la Universidad de Rotterdam muestra que estos profesionales son más propensos a la adicción al trabajo con jornadas que superan las 50 horas semanales y la extensión a su tiempo libre de actividades relacionadas con el trabajo. El estudio, publicado a inicios de 2014 en la revista internacional “Journal of Managerial Psychology”, muestra que en estas personas la adicción al trabajo no se relaciona con un mayor desempeño y rentabilidad de su negocio.

Una adicción limpia

Es difícil tomar conciencia de que existe esta adicción porque socialmente se considera una adicción “limpia” ya que se asocia a personas responsables y serias. Son los familiares y amigos los que dan la voz de alarma al desmoronarse la vida personal de estas personas.

En un inicio, estas personas se encuentran cómodas con esta “obsesión” pues gracias a su esfuerzo consiguen promociones en el trabajo pero a la larga su vida gira alrededor de lo laboral, empiezan a no disfrutar con ello y a sentirse culpables por no hacerlo.

“Sólo consiguen sentirse bien al trabajar, pero como en todas las adicciones con el tiempo la tolerancia se eleva y necesitan estar más horas trabajando y esta dependencia cada vez crea más insatisfacción y la sensación de falta de control sobre sus vidas”, apunta Moriano.

Según el investigador, la crisis ha generado un caldo de cultivo para la adicción ya que desde las organizaciones se fomenta esta dedicación exclusiva del trabajador a la empresa y en realidad se crea un clima de competitividad que además disminuye la creatividad entre los empleados y de resultas el rendimiento o productividad se resiente.

El investigador señala que además, el miedo a la pérdida de trabajo está dando lugar a lo que se denomina “presentismo”, lo contrario del “absentismo”. Consiste en que los trabajadores a pesar de estar enfermos acuden a su puesto laboral lo que deriva en que rinden menos, cargan de trabajo a los compañeros que no entienden que acudan a trabajar y pueden dar lugar al contagio, en el caso de enfermedades infecciosas como la gripe.

Además, las nuevas tecnologías han empeorado la adicción al trabajo ya que permiten que el profesional esté las 24 horas del día conectado en cualquier momento y lugar, lo que hace que no desconecten nunca.

A estos factores externos se unen los factores de riesgo individuales. Se considera que las personas más propensas a desarrollar esta adicción son las que poseen lo que se denominada “patrón de personalidad tipo A”.

“Son personas controladoras, perfeccionistas, impacientes por conseguir resultados y que si no los consiguen con prontitud generan hostilidad en su medio. Diversos estudios han relacionado este patrón de personalidad A con un mayor riesgo de sufrir un ataque cardiaco entre directivos”, aclara Moriano.

Así, el perfil del adicto al trabajo suele ser el de un directivo o profesional que se encuentran en posiciones laborales que presentan más retos o son más exigentes y suelen ser hombres, más que mujeres ya que existen estudios que parecen indicar que el intento de conciliación familiar supone un factor de
protección para ellas.

Canadienses y nipones los mas afectados

Un estudio del año 2007 apunta a que en España un 11% de la población podría estar bajo riesgo de desarrollar adicción al trabajo. Estos datos se muestran muy por debajo de los de países como Canadá, donde se estima que 1 de cada 3 personas podría ser una adicta al trabajo.

“Quizás las raíces estén en los valores culturales y la filosofía calvinista que considera el trabajo como una vía de redención para el ser humano. El carácter más mediterráneo en el que priman aún las reuniones familiares, las relaciones sociales y el salir puede que protejan a los españoles”, aclara Moriano.

En Japón existe un fenómeno denominado “Karoshi” que hace referencia a un trabajo tan intenso que puede causar complicaciones físicas como derrames cerebrales y ataques cardiacos. En el país nipón existen normativas laborales encaminadas a evitar estos sucesos y se estima que este trabajar hasta la extenuación puede haber ocasionado hasta 10.000 muertes en este país en las últimas décadas.

El último caso conocido, cuenta Moriano, fue el de un empleado de una famosa compañía automovilística nipona el que tras un mes de trabajo intenso en un proyecto murió antes de tomar un avión hacia una reunión de trabajo. La hija encontró el cuerpo sin vida de su padre junto a las maletas en preparación.

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