Contra la enfermedad cardiaca, la dieta mediterránea


dieta mediterránea
La dieta mediterránea no es solo una manera de comer, es un patrón alimentario que se ha relacionado constantemente con una serie de beneficios para la salud, incluyendo la disminución del riesgo de enfermedades crónicas, metabólicas o cáncer. Ahora, una nueva investigación confirma su relación con la disminución del riesgo de enfermedad cardiaca.

Este tipo de alimentación es una valiosa herencia cultural, que compartimos la mayor parte de los países mediterráneos,  y se fundamenta en la variedad de alimentos vegetales (frutas, verduras, legumbres, frutos secos), de pan y otros cereales o del predominio del aceite de oliva en sus platos.

Los adultos que siguen muy de cerca esta dieta tienen un 47 por ciento menos probabilidades de desarrollar enfermedades del corazón durante un periodo de diez años en comparación con personas similares que no se alimentan con los patrones de la dieta mediterránea, como se vio en un estudio que se presenta el 15 de marzo en la 64 Sesión Científica Anual del Colegio Americano de Cardiología, que se celebra en San Diego, Estados Unidos.

Entre los participantes en la investigación, la adherencia a la dieta mediterránea fue más protectora que la actividad física. El estudio, realizado en Grecia, refuerza la evidencia de trabajos anteriores que apuntan a beneficios para la salud de esta dieta y es el primero en realizar un seguimiento del riesgo de enfermedad cardiaca durante diez años en la población general, según sus autores. La mayoría de los análisis anteriores se han centrado en personas de mediana edad.

“Nuestro estudio muestra que la dieta mediterránea es una intervención beneficiosa para todo tipo de personas, de ambos sexos, todas las edades e individuos sanos y aquellos con problemas de salud. También revela que la dieta mediterránea tiene beneficios directos para la salud del corazón, además de sus beneficios indirectos en la gestión de la diabetes, la hipertensión y la inflamación”, explica Ekavi Georgousopoulou, de la Universidad Harokopio en Atenas, Grecia, que llevó a cabo el trabajo junto con Demóstenes B. Panagiotakos, profesor de la Universidad Harokopio.

La investigación se basa en datos de una muestra representativa de más de 2.500 griegos adultos, de entre 18 y 89 años, que proporcionaron información sobre su salud a los científicos cada año entre 2001 y 2012. Los participantes también completaron encuestas en profundidad acerca de su historial médico, estilo de vida y hábitos alimentarios al inicio del estudio, después de cinco años y tras diez años.

En general, casi el 20 por ciento de los hombres y el 12 por ciento de las mujeres involucrados en la investigación desarrollaron o murieron por enfermedades del corazón, un conjunto de trastornos que incluye derrame cerebral, enfermedad coronaria causada por la acumulación de placa en las arterias del corazón, síndrome coronario agudo como el ataque al corazón y otras enfermedades. Otros estudios han mostrado que griegos y estadounidenses tienen tasas similares de enfermedades del corazón y sus factores de riesgo.

Los investigadores anotaron las dietas de los participantes en una escala 1-55 en función de su frecuencia y nivel de ingesta de 11 grupos de alimentos. Los que se situaron en el tercio superior en términos de adherencia a la dieta mediterránea, que indica que siguen de cerca la dieta, presentaban un 47 por ciento menos de probabilidades de desarrollar enfermedades del corazón durante los diez años de seguimiento frente a los participantes que puntuaron en el inferior tercio, lo que indica que no siguen de cerca la dieta.

NO AFECTAN OTROS FACTORES

Cada aumento de un punto en la puntuación de la dieta se asoció con una caída del 3 por ciento en el riesgo de enfermedades del corazón. Esta diferencia fue independiente de otros factores de riesgo de patologías del corazón, como edad, sexo, antecedentes familiares, nivel educativo, índice de masa corporal, hábito de fumar, hipertensión, diabetes y colesterol alto, que los investigadores ajustaron en su análisis.

El estudio también confirmó los resultados de trabajos anteriores que indican que el sexo masculino, la edad avanzada, la diabetes y los niveles elevados de proteína C reactiva, una medida de la inflamación, se vinculan con un mayor riesgo de enfermedad cardiaca.

Aunque no hay una dieta mediterránea conjunta, comúnmente se centra en frutas frescas y verduras, granos enteros, alubias, nueces, pescado, aceite de oliva e, incluso, un vaso de vino tinto. La investigación anterior ha demostrado que la dieta mediterránea tradicional está ligada a la pérdida de peso, la disminución del riesgo de diabetes, presión arterial y niveles de colesterol en la sangre, además de la reducción del riesgo de enfermedades del corazón.

Entre los participantes del estudio, las mujeres tendían a seguir la dieta mediterránea más de cerca que los hombres. A pesar del hecho de que Grecia es la cuna de la dieta mediterránea, la urbanización ha llevado a muchos griegos a adoptar una dieta más occidental durante las últimas cuatro décadas, resalta Georgousopoulou.

LOS CARDIÓLOGOS ¿PREPARADOS PARA RECOMENDARLA?

Otro estudio sobre la dieta que se presentará en el mismo foro sugiere que los cardiólogos y otros médicos pueden no estar preparados para aconsejar a los pacientes sobre las dietas saludables para el corazón. La investigación, realizada con una encuesta a 236 cardiólogos y médicos de medicina interna y estudiantes en un gran centro médico académico, reveló que aunque la nutrición es tan importante como las estatinas en términos de reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular, sólo el 13,5 por ciento de los médicos está acuerdo o muy de acuerdo en que han sido entrenados adecuadamente para hablar de nutrición con los pacientes.

Casi todos (89,7 por ciento) sabía la dieta mediterránea ha demostrado reducir la enfermedad cardiovascular en los ensayos controlados aleatorios, pero menos de la mitad (45,5 por ciento) conocía que nunca se había demostrado que las dietas bajas en grasa lo hacen.

Aunque los médicos sabían de los efectos den la reducción de la presión arterial baja de las frutas y hortalizas y de la fibra soluble en disminuir el colesterol LDL (81,7 y 87,6 por ciento, respectivamente), un porcentaje mucho menor identificó correctamente los alimentos altos en fibra soluble o aceite de pescado (el 69,5 y el 30,8 por ciento, respectivamente).

Con información de Infosalus

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