Mi bebé mes a mes


Cuando se es padre o próximo a serlo, se presentan muchas dudas sobre la evolución del niño, el desarrollo visual, cuándo sonreirá, se sentará, gateará, dirá por primera vez papá y mamá. Sin embargo, todo esto sucede a un ritmo particular, según lo explica la pediatra, Hermelinda Rodríguez Cariño.

En el primer año de vida se producen una serie de cambios que van desde el crecimiento en estatura hasta el desarrollo de habilidades físicas, cognitivas, sociales y emocionales, de acuerdo a la dotación genética de cada individuo y de la interacción con el entorno.

Desarrollo visual

Rodríguez indica que una de las inquietudes de los padres es si al nacer, el bebé puede verlos. “El recién nacido reconoce por el olfato, porque solo enfoca bien a unos 20 centímetros. A los seis meses controla mejor sus músculos oculares, percibe los colores, ve a mayor distancia y reconoce a las personas; y a los ocho meses sigue visualmente lo que le interesa”, acota Rodríguez.

Movilidad

Al mes de vida mueve sus extremidades y levanta la cabeza al estar boca abajo, cierra sus manos en puño y responde a los estímulos con parpadeos, movimientos natatorios y sobresaltos –indica Rodríguez- muchos de sus movimientos son respuestas reflejas.

La pediatra explica que a los dos meses será capaz de mantener su cabeza erguida, abre sus manos, vocaliza y comienza a reconocer. A los cuatro meses puede estar un buen rato entretenido en su cuna mirándose las manos y tomará los objetos con las manos abiertas. A los ocho meses los soltará voluntariamente y un mes más tarde hará pinza superior (pulgar e índice). Al año juega solo, pero a tu lado, durante unos pocos minutos, refiere.

Enamórate de su sonrisa

La pediatra afirma que el bebé sonríe de forma automática desde que nace, cuando está satisfecho, pero es a los 3 o 4 meses cuando su sonrisa ya es un gesto de comunicación, se vuelve selectiva, elige a quien se la dedica y la utiliza para reforzar las acciones que le gustan. A esta edad será capaz de juntar sus manos “las descubre” y las usa para tomar
objetos, pues ya sigue con la mirada y balbucea, puede reconocer tu cara y tu voz.

Sus primeras palabras

Al quinto mes comienzan a decir “pa” o “ma” de manera repetitiva-asevera Rodríguez- entre los 8 y 9 reacciona cuando oye su nombre y a los 12 meses se da cuenta que las cosas que él hace provocan tu risa y empieza a repetirlos. Además comprende el no, las palabras asociadas a situaciones cotidianas, nombres de personas conocidas y objetos familiares, señala.
Al tener un año, sabrá pronunciar palabras como mamá, papá, agua, -explica la especialista-. Estimula el lenguaje hablándole claro, con voz dulce, pero no aniñada; dile el nombre de las personas y cosas, preguntarle cómo hacen los animales (imitarlos), las partes del cuerpo (la nariz, los ojos), los colores, cántale canciones sencillas.

Paso a paso

Entre los 6 y 8 meses tendrá el tono muscular suficiente para aprender a estar sentado en posición de tripode sin apoyo, con las piernas abiertas. Esta postura fortalece su espalda y mejora la destreza de sus manos, manifiesta Rodríguez.
Podrá colocarse en posición de gateo, hará un balanceo, como si fuera a arrancar, hasta que probablemente lo logre –asevera la especialista- entre los 11 y 12 meses logrará ponerse de pie y caminar agarrado a alguien o de algo para ganar equilibrio, fuerza y coordinación.

“La mayoría logra caminar sin ayuda entre los 13 y 16 meses, lo que le da seguridad e independencia”, acota.

Felices sueños

Para enseñarle a dormir se deben propiciar buenos hábitos del sueño y establecer rutinas, explica la pediatra.
Durante el día el bebé puede permanecer en un lugar diferente a la habitación, como su coche, en el recibo, o en otra área de la casa que sea segura –ratifica Rodríguez – de noche es conveniente que haya más silencio, menos luz, mayor tranquilidad y que duerma en la habitación, en su cuna.

La especialista aconseja que para crear hábitos el bebé se puede bañar antes de cenar, cambiarle la ropa por una más cómoda, cantarle, colocarle música de relajación o de tu preferencia; háblale en voz bajita, acarícialo o dale un masaje. El puede ya relacionar la hora del baño con la de dormir y así se anticipa, aportándole seguridad” añade.
Es recomendable no dormirlo en brazos, sino en su cuna. Si el niño despierta en el mismo lugar en donde se durmió, se sentirá más confiado; si despierta en uno diferente se sentirá desorientado, destaca Rodríguez.

Durante los primeros tres meses es recomendable que los bebés duerman en la habitación de los padres en su cuna –afirma Rodríguez- luego de los cinco meses, es capaz de dormir hasta seis horas seguidas sin comer.

Adiós pañales

Después de los dos años, alcanzan un periodo de madurez y se inicia el control de esfínteres –señala Rodríguez- su evolución en el lenguaje les permite expresar verbalmente sus deseos de ir al baño, se desplazan con mayor seguridad y rapidez, se suben y bajan los pantalones. “En el aspecto emocional, se ven como un ser independiente y autónomo” acota.
Rodríguez, nos da las siguientes recomendaciones para decirle adios a los pañales:

Identifica el horario en que hace sus necesidades con preferencia; siéntalo en ese horario de forma rutinaria, o después de comer, luego de la siesta. Lo puedes ayudar comprando un adaptador o una pequeña poceta portátil, quizá de color llamativo.Ayúdalo a familiarizarse con él, pero que no lo use de juguete.

Puedes sentarte en el inodoro al mismo tiempo y explícarle que tu harás pipi al igual que el, felicítalo si lo logra, y si se moja, no lo regañes, actúa con normalidad y explícale que sería más fácil si lo avisa antes.

“Cuando lleve varios días logrando ir al baño, retírale el pañal durante el día, por periodos cortos, que irás aumentando progresivamente”.

El control durante la noche llevará más tiempo, cuando lleve de 3 a 4 días sin hacerse en el pañal puedes retirarlo, recordando que podrán existir accidentes.

“A los cinco años, la mayoría de los niños logran dejar el pañal durante las noches, sin embargo, todos estos periodos varían de acuerdo al niño, siempre se debe ir de la mano de un especialista”, concluye la pediatra Hermelinda Rodríguez Cariño.

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